Gallerie dell`Accademia, Venecia
Son muchas las incógnitas que nos han dejado los Evangelios. En muchos casos, por falta de información; en otros, por las diferentes versiones de los hechos e incluso por errores históricos. Y, aun así, el cristianismo se ha mantenido como una de las creencias más influyentes de la humanidad.
Sus pilares más fuertes no son los dudosos milagros, ni siquiera el auténtico mensaje de amor, perdón y misericordia. Sin duda, se trataba de una mentalidad muy distinta a la que predominaba en el lugar donde Jesús nació. Sin embargo, conviene recordar que no fue allí donde recibió esa doctrina y educación, ya que pasó 21 años en otro lugar, al que hago referencia en mi primer libro.
Pero, volviendo al verdadero pilar de esta creencia —o mejor dicho, a sus pilares—, encontramos dos fundamentales: que murió y resucitó para la salvación de todos nosotros, y que es el Hijo de Dios.
Murió y resucitó para nuestra salvación. Morir, resucitar, ascender al cielo y, lo más importante, dejarse ver antes de ascender. Es precisamente en esta parte donde centro mi nuevo libro. Resulta evidente que murió en la cruz; ningún cuerpo humano soportaría semejante martirio. Un cuerpo sin vida durante tres días plantea muchas preguntas: ¿qué fue lo que realmente sucedió?
Muchos periodistas, investigadores, creyentes y no creyentes han tratado de profundizar en esos momentos. Algunos han expuesto sus teorías; otros han preferido reservarse su opinión. Incluso hay quienes cambiaron de perspectiva durante el proceso de investigación.
En el libro El diario prohibido se presenta una hipótesis que podría acercarse más a lo que realmente ocurrió.
La otra cuestión es la de ser el Hijo de Dios. Esta es, probablemente, la parte que más interesa a los creyentes. Lo curioso es que Jesús nunca se identificó explícitamente como tal.
Empecemos por su nacimiento. La versión que relatan los Evangelios sobre cómo nació en Belén podría no haber ocurrido exactamente así; incluso el lugar de nacimiento genera dudas. Luego está Jesús, hijo de María e hijo ilegítimo de José.
José fue su referencia paterna, aunque no el responsable directo de transmitirle sus valores, ya que, según la historia, Jesús abandonó a sus padres a los doce años para recibir otra formación y doctrina. Quizá por eso destacó tanto cuando regresó a su tierra natal. Todo ello lo desarrollo con mayor profundidad en mi primer libro.
¿Y tú qué opinas? Pero antes, léete el libro.


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